Real Monasterio de El Puig de Santa Marķa
  Historia del Real Monasterio de Santa María de El Puig
 
Historia del Real Monasterio de Santa María de El Puig


FUNDACIÓN DEL CONVENTO


          Las viejas crónicas de nuestra Orden presentan a nuestro Fundador acompañando al rey Jaime I el Conquistador en sus campañas de Reconquista. Ya había decidido el rey en el castillo de Alcañiz conquistar Valencia, y su determinación le llevó a tomar la posición de El Puig de Enesa, ocupando el castillo, que los musulmanes habían derruido en su huída. Durante el verano del año de gracia de nuestro Señor 1237, todos los sábados la guarnición cristiana del castillo, veía descender sobre la falda del monte donde ahora se asienta el monasterio una columna de siete estrellas, señalando un punto concreto de la montañita. Nuestro Fundador san Pedro Nolasco interpretó aquel anuncio como buen presagio de conquista y mandó cavar allí. Y debajo de una campana apareció la hermosa imagen bizantina de Nuestra Señora de los Ángeles. El alcaide del castillo, D. Bernardo Guillén de Entenza, tío de Jaime I, colocó la Imagen de la Virgen en el castillo, y más tarde cuando llegó el rey, el monarca mandó construir una iglesia, en el mismo sitio donde hoy la contemplamos; y de tal forma procuró que se llevase a cabo que ya estaba concluida en el año 1240. El Obispo de Valencia la convirtió en parroquia ese mismo año y la encomendó a la Orden, siendo la primera parroquia, aceptada en tiempos de san Pedro Nolasco.



          En ese mismo agosto, tuvo lugar la famosísima batalla de El Puig. Narran los cronistas que los infantes cristianos eran reducidos en número frente a las tropas musulmanas, y que en el fragor de la lucha apareció el mismísimo Señor San Jorge, patrono de las armas aragonesas, y que por su medio e intervención, la lucha se decidió en nuestro favor. El rey moro de Valencia, Zayyan, quiso aprovechar la desventaja a su favor que le proporcionaba la ausencia del rey Jaime I, pero la batalla que se libró fue de tal modo decisiva que no se llevó a cabo ninguna otra para la conquista de la ciudad de Valencia, poniendo en enero de 1238 duro cerco a la ciudad, logrando la capitulación unos meses más tarde. Como conmemoración de tal batalla se edificó en el llano una ermita dedicada a san Jorge, agradeciéndole la ayuda prestada.



          Tiempo atrás, el abuelo de Jaime I, Alfonso II de Aragón en 1175 había prometido al Abad y monjes del Monasterio de Poblet hacer donación de la villa de El Puig de Enesa o Cebolla o Juballa como la llamaban los moros, cuando con la ayuda divina la conquistara, para que en el sitio del término que mejor les pareciera fundaran un monasterio del Císter, asignándoles tierras y rentas para mantener a una numerosa comunidad. Ese mismo día eligió sepultura en Poblet, reservándose no obstante, la posibilidad de sepultarse en El Puig si llegaba a conquistarlo. Sin embargo, el Rey Conquistador otorgó la donación a san Pedro Nolasco y a la Orden de la Merced en fecha del 2 de julio de 1240, y debido al hallazgo de la Santa Imagen cambió el nombre de El Puig de Cebolla por el de El Puig de Santa María.



          Fue tan importante el descubrimiento de la imagen de la Virgen, que el rey Jaime I juró delante del altar que no volvería a tierras de Aragón hasta que Valencia hubiera caído en su poder. Como así aconteció. Y el día 9 de octubre del año 1238 entró triunfante en la Ciudad, se consagró como catedral la mezquita mayor y entregó a la Orden una mezquita y unas casas cercanas a la puerta de la Boatella donde se construyó un hermoso convento.



LA SANTA IMAGEN


          En el centro del presbiterio, que doctos escritores han llamado y con razón “Cámara Angélica” podemos contemplar la imagen de la Virgen. “Mare de Deu del Puig” como la invocan las gentes de estas tierras. O Nuestra Señora de los Ángeles de El Puig, porque hasta nuestro convento del Cuzco guarda un bello cuadro con el momento del hallazgo. La Sagrada Imagen es un medio relieve cincelado; en él se aprecia la técnica del relieve griego, en el que la Madre sostiene al Niño sobre sus rodillas en el lado derecho, y mientras la Virgen inclina su cabeza hacia el Hijo, éste se encarama en actitud de darle un beso, rodeando el cuello con su brazo. Todo el conjunto, que está policromado, guarda un equilibrio y una belleza, que sólo la iconografía oriental es capaz de transmitir. ¡Qué dicha contemplar a María!; Sólo aquellos que la han visto podrían explicar con palabras la impresión que se graba en los sentidos, especialmente en el alma. Es el símbolo de la Maternidad de María. La Imagen de El Puig es Icono de María, Madre de Dios, de un Dios Encarnado, hecho Niño, hecho hombre, hecho carne. Por eso, la actitud de Madre e Hijo realzan el simbolismo iconográfico del carácter maternal de María.



          El Icono es una pieza rectangular, en la que se aprecia una banda remarcada por un caveto que enmarca el relieve. La imagen representa a la Madre de Dios “in sede maiestatis”, sentada en su trono, sin corona, sin joyas. Aunque se aprecian una cierta desproporción en algunos elementos como manos, cabeza de la Virgen, barbilla… todo en Ella es solemne: manto azul forrado de rojo, túnica dorada, estrellas en la frente y en los hombros, calzado puntiagudo de color púrpura; el Niño vestido con túnica dorada y amplia dalmática con anchas mangas de color castaño.



          Cuenta la Santa Leyenda, que los ángeles esculpieron la imagen en una piedra del Sepulcro de la Virgen, cómo posteriormente, la trasladaron hasta este lugar, donde se construyó un monasterio y donde la veneraron hasta la invasión musulmana acaecida en el año 711. Pasaron pues, 526 años, en que la sagrada imagen estuvo sepultada bajo una campana. Por eso, hice labrar un escudo que sirviera como imagen heráldica del monasterio, a la par que para mí mismo: en campo partido, las armas de la Orden de la Merced y la iconografía del hallazgo: una montaña, una campana y las siete estrellas. La imagen está sostenida en un bello relicario con una hermosa leyenda: “Sancta Maria imago tua sit nobis tutrix…”


          Parece ser que llegó a la Hispania visigoda con una escuadra enviada por el emperador bizantino Justiniano, cuando el rey godo Atanigaldo le pidió ayuda frente a su adversario Agila. Esto permitió crear en las costas de Levante un protectorado bizantino, y que aquellos cristianos construyeran su iglesia y colocaran en ella la imagen de la Madre de Dios. Cuando en el año 711 los moros invadieron Hispania, los monjes que custodiaban el sagrado icono lo escondieron debajo de una campana y tuvieron que huir. Y fue precisamente Nuestro Padre san Pedro Nolasco, quien como don celestial descubrió la santa Imagen.

 

LA IGLESIA



La primitiva iglesia construida por Jaime I enseguida quedó insuficiente e incapaz de acoger a todos los fieles que acudían a la Madre del cielo en busca de intercesión. Sobre los años de 1300 se construyó la actual iglesia, de estilo gótico. Los arquitectos y maestros de obra dejaron su impronta en los muros, columnas y pilastras. Quisieron que el templo fuera el digno santuario de la que es Patrona del Reino de Valencia y a cuyas plantas el Rey Conquistador puso las llaves de la Ciudad de Valencia. Fueron sus mecenas y generosos donantes D. Roger de Lauria y su esposa Dª Saurina de Entenza, continuando las obras los hijos de ambos Roberto y Margarita que eligieron el templo construido como panteón funerario, y cuyo hermoso sepulcro gótico se encuentra en el presbiterio, en el vano de la pared de la nave del Evangelio.


          También Dª Margarita se construyó residencia, que ella llamaba Alcázar, en la parte este del templo, que pasando el tiempo, el padre Lorenzo Companys convertiría en beaterio mercedario.


          Esta iglesia está construida sobre la que mandó edificar el Rey Conquistador, y de la cual se conserva la hermosa portada tardo románica con sus diez capiteles historiados (Anunciación, Nacimiento, Adoración de los Magos, Huida a Egipto, Matanza de los Inocentes, las Bodas de Caná, la resurrección de Lázaro, la Entrada en Jerusalén, la Última Cena y el Beso de Judas). Recuerdo con exactitud cómo el capitel decorado con la escena de la Adoración de los Magos, el artista canteroesculpió y reprodujo la misma imagen de la Virgen sosteniendo al Niño en su parte derecha, mientras los Magos arrodillados le ofrecen sus dones de oro, incienso y mirra. Esta portada, orientada en la iglesia primitiva hacia el oeste, se trasladó a la parte norte de la nueva iglesia, recayendo hacia la villa de El Puig y se accede por una amplia escalera denominada Escala Santa.


          Aunque esta portada tenía tímpano y parteluz, el comendador Clemente Gil, mandó que se quitaran en el año 1650 y mandó construir unas grandes puertas de dos hojas. También pertenece a la primitiva iglesia la base de la torre de las campanas.


          La iglesia está orientada hacia el Este. Sobre el altar mayor se abre un gran ventanal gótico por el que penetra la primera luz del día cuando el sol se alza sobre el horizonte ilumina el templo, y que es símbolo de Cristo, Luz que nace de lo Alto. Al pie del templo, se alza el majestuoso coro que yo mismo mandé edificar en 1669, y por allí desaparece la última luz, para que desde el Oriente hasta el Ocaso alabemos al Señor, como cantamos en los Salmos de David.


          Es el Templo de planta rectangular, de tres naves cubiertas con bóveda de crucería y ladrillo colocado en sardinel, sostenido por robustas pilastras, de cinco crujías, a las que se adosan 10 capillas laterales. La Capilla Mayor o Presbiterio es de planta cuadrada y está cerrada con una reja de hierro forjado, construida por Esteban Giner en 1514 a expensas del Vicario de la parroquia fr. Juan Ferrándiz de Tursa con un precio de 257 libras y 6 sueldos. Además en ella está colocado un exvoto de un Patrón llamado Quirós y de su tripulación por un milagro obrado por la Virgen en  el año 1443 frente a la costa de El Puig, y una losa de mármol negro que es el vaso sepulcral de los benefactores del Monasterio D. Francisco de Castellví.


          Las bóvedas de crucería son bastante sencillas y los capiteles no tienen decoración esculpida alguna. Las ventanas ojivales son estrechas, abriéndose por encima de las arcadas, y adornadas con bellas vidrieras con los santos de la Orden. Y es que esta iglesia es “casa de oración”, lugar de encuentro con Dios y con su Madre que nos habla desde el silencio de la piedra y desde la penumbra que entra por los ventanales.


          Cinco capillas por nave cobijan las diversas advocaciones, aunque cuando mandé construir la Sacristía Mayor sacrifiqué la primera de la nave de la Epístola. Allí se colocó una magnífica cajonera de nogal, además sobre la puerta un exvoto que mandó el rey Alfonso V desde Nápoles y el magnífico Armario de las Reliquias, en cuya parte inferior se conserva el cuerpo incorrupto del Venerable P. Juan Gilabert Jofré, fundador del primer hospital para tratar a los dementes en Valencia, y donde se guardan importantes reliquias, entre las que destaca una Santa Espina donada por el Rey Conquistador.


          En las distintas capillas se encuentran los sepulcros de distinguidos personajes, entre los que cabe destacar: a los pies del Altar Mayor, sin ninguna lápida que lo indique los Duques de Segorbe, D. Alfonso de Aragón y Dª Juana Folch de Cardona y sus hijas, Francisca y Beatriz. En el muro de la nave del Evangelio, el primoroso sepulcro de los hermanos Margarita y Roberto de Lauria con dos planos inclinados en forma de artesa y adornado con plañideras y estatuas de santos; en la capilla de Nuestra Señora de la Merced, el sepulcro de Bernardo Guillén de Entenza, muerto en El Puig en invierno de 1237 y enterrado en un magnífico sepulcro gótico mandado construir en el siglo XIV. En la capilla de la Inmaculada, el sepulcro de los frailes mercedarios, Rvdmo. fr. Lorenzo Companys, hijo de este convento de El Puig, donde murió el año 1479. Dotado de grandes virtudes fue elegido redentor, y en Argel cumpliendo su Cuarto Voto Redentor permaneció por espacio de 17 años. Cuando regresó a Barcelona fue nombrado Maestro General, y aunque promovido al episcopado por el rey Juan II de Aragón, murió en este convento el 20 de diciembre de 1479. En la misma capilla está el sepulcro del P. Juan Calvo, fallecido en 1574. A los pies de la iglesia, entre la capilla de la base de la torre y el coro se encuentran las urnas sepulcrales de los Maestros Generales Fr. Pedro de Amer, Maestro Laico, que legisló en 1272 las primeras constituciones de la Orden y el P. Raimundo Albert, Maestro clérigo, que compuso las segundas constituciones a partir de 1317, cuando la Orden se transformó de laical en clerical. Las dos urnas vienen a medir lo mismo, en torno a cuatro palmos valencianos, y aunque están muy levantados sobre el suelo, en la parte frontal se puede leer los dos epitafios. El Rvdmo. Amer murió en El Puig el año 1301, mientras que el Rvdmo. Albert murió en Valencia en 133, aunque tres años más tarde fue trasladado a El Puig. Cuánta historia de la Orden guarda este templo. Cuánta devoción en torno a la Virgen de El Puig. Cuántos frailes mercedarios han vivido su vocación redentora en estas tierras podienses.




EL CONVENTO



          La fundación del convento, como queda dicho ya en lo referido a la iglesia se debe a la munificencia del ínclito y victorioso rey Jaime I quien donó a san Pedro Nolasco y a fray Juan de Verdera, su lugarteniente en el Reino de Valencia la iglesia recién construida y todo el “puig” donde estaba levantada. Pronto establecieron convento, pequeño pero capaz y que se fue ampliando y adquiriendo notoriedad como casa fundada por el Patriarca y donada por el Rey. Aquí se celebraron Capítulos Generales, tanto los anuales que estaban destinados principalmente a la Redención de los Cautivos como Capítulos electivos. Aquí descansan los restos en la esperanza de la futura resurrección de Maestros generales y humildes religiosos, linajudas familias y sencillos fieles de María Santísima.


          Fue el comendador Lorenzo Companys quien mandó construir un convento a los pies de la iglesia. Un convento articulado en torno a un claustro central, con celdas, amplio refectorio, y estancias para los reyes. De este convento, solamente se conserva un ala de un claustro, situado bajo el coro de la Iglesia. Además la familia Lauria se construyó una residencia, llamada Alcázar junto al Santuario. Fray Lorenzo Companys la convirtió en 1460 en un convento de monjas terciarias de la Merced.


          Pero hubo que esperar hasta el siglo XVI para poder comenzar las obras del impresionante monasterio que comenzó en 1588 y yo tuve la dicha de contribuir a la conclusión de todo el conjunto.  Ya en 1583, el comendador fr. Asensio Lagaria, la comunidad de frailes mercedarios y los canteros redactaron los pormenores de tan magna obra. Y como no contentó a todos, en agosto de 1588 se firmaron nuevas capitulaciones con el Maestro de Obras y primer arquitecto, Antonio Dexado de la Cosa. Con la bendición del Patriarca y Arzobispo de Valencia Juan de Ribera se puso la primera piedra del torreón sureste. A los siete años, el Maestro General fray Francisco Zumel visitó las obras y ordenó que se continuaran. Así los años fueron pasando, y las obras en muchos momentos detenidas. Por gracia de Dios he podido ver concluido este magnífico convento, que es de la Orden y de Valencia preclaro, custodio de la Imagen de María, Real por el patrocinio de los monarcas, que desde Jaime I hasta la actualidad han visitado y se han hospedado en él. De ellos hemos recibido privilegios y donaciones, y en todo momento han mostrado hacia esta Casa gran veneración.


          Ahora que está acabado, muestra el edificio un aspecto rectangular, esquinado por cuatro robustos torreones de planta cuadrada, excepto el más antiguo, el suroeste que es de planta rectangular, y sus cuatro fachadas coinciden con los cuatro puntos cardinales.


          Quiero guiarte por este convento para que puedas gozar de la belleza y proporciones de que está dotado.


          Penetramos en el recinto por un arco de medio punto, un portón cerrado con reja que desde la Villa da acceso al convento, que se comenzó a construir en el año 1666 y se concluyó el 18 de marzo de 1670, víspera de san José. Sobre la puerta he colocado mi escudo heráldico con las armas de la Orden de la Merced en un cuartel y en el otro una montaña, la campana y las siete estrellas. Sobre el muro de la puerta una cruz que en su anverso está el Crucificado y en su reverso la Virgen con el Niño. Avanzando por la barbacana alcanzamos la Portería del Convento.


          Accedemos a los Claustros por la escalera de comunidad, que termina en una cúpula decorada a lo grutesco y en las pechinas, cuatro ángeles sostienen filacterias con la frase de los Salmos de David: “Envió la Redención a su Pueblo”.


          El Claustro Bajo está formado por cuatro alas en las que se abren 36 ventanales abocinados, cubierto por vigas de madera y entrevigado de ladrillo. Me tocó poner el primer ladrillo del ala sur el día 1 de septiembre de 1667, día de san Gil, según traza del maestro cantero Francisco Verde y de Juan Pérez, maestro de obras del convento. En el ala norte sólo se abre un vano, que da acceso a un salón, resto del convento de fray Lorenzo Companys. Aquí se aprecia la solidez de los fundamentos de la iglesia y cómo fue construida sobre la cima de la montaña sobre la roca de rodeno; y se muestra la gran obra de explanación que hubo de hacerse para construir el convento nuevo.


          Conforme iban avanzando las obras del convento, llegamos al ala oeste. Allí mandé construir a mis expensas el refectorio, al que se accede por dos puertas gemelas, similares a las que abren la Sala “De profundis”. Se logró acabar el refectorio en 1670, tal como se colocó en el testero, por encima de la cornisa. Además, quise dejar constancia del hecho, colocando unas enigmáticas letras para que el tiempo futuro me recuerde y dé gracias a Dios por la conclusión de las obras. Es la siguiente frase latina: Fratris Josephi Sanchis, Magistri Generalis Ordinis Beatae Mariae De Mercede Redemptionis Captivorum , Munificencia Facta Vobis Omnium Patrum Et Fratrum. Anno Domini 1670; que quiere decir: Sala construida por la munificencia de fray José Sanchís, Maestro General de la Orden de la Bienaventurada María de la Merced, de la Redención de los Cautivos, con los votos favorables de todos los padres y hermanos. En el Año del Señor 1670. De toda esta larga frase sólo se colocaron las iniciales.


          En el testero hice colocar en 1674 un hermoso cuadro de 7 m de altura x 8’5 m de largo que había encargado al artista madrileño Juan Antonio Frías Escalante con el tema de la multiplicación de los panes y por el que pagué 600 libras.


          La comunidad agradecida con el comendador Pedro Aparicio a la cabeza me dedicó un monumento epigráfico y lo colocó a la entrada de la Sala “De Profundis” donde unos bellísimos cuadros decoran la estancia, y la imagen imponente de un Cristo Crucificado, hacen presentes a nuestros ojos las palabras del Apóstol Pedro: “Cargado con nuestros pecados subió al leño. Sus heridas nos han curado”


          El patio del claustro es todo serenidad clasicista, ninguna extravagancia, sino líneas rectilíneas. Bien patente quedaba el reflejo que el monarca Felipe II dejara en su obra de El Escorial. Sobriedad y equilibrio con una suave tonalidad ocre del ladrillo con que está construido. Si bien, el primer Maestro de obras, Antonio Dexado pensó en arcos de medio punto, y así se erigió el claustro de levante, los restantes se levantaron adintelados y más tarde se corrigieron los arcos y se cambiaron por dinteles. El subsuelo del claustro es una gran cisterna excavada en la roca, hecha por el maestro antes nombrado, donde se recogen las aguas de lluvia para refresco de la comunidad y riego de las huertas que rodean el monasterio.


          Volviendo a la escalera conventual, accedemos al Claustro Alto de grandes proporciones, cubierto con bóvedas de arista sobre arcos escarzanos que mueren en un estilizado cornisamento decorado en colores grises y donde se abren las portadas más interesantes del monasterio. El torreón sureste alberga las estancias de los monarcas cuando se hospedan en el Monasterio. Y es que a Santa María de El Puig rindieron pleitesía los reyes Jaime I, y todos los reyes de la Corona de Aragón, Alfonso X el Sabio, Pedro el Cruel, Felipe III. Aquí nació y fue bautizada la infanta Leonor, que después sería reina de Castilla. En el ala oeste entrando por la puerta en cuyo frontispicio está escrito “Capitulum” se accede a la Sala Capitular y Librería del Convento. Muy buenos libros guarda entre sus estantes, siendo muy apreciada su lectura por la comunidad. Y en sus armarios se guardan numerosos privilegios reales y eclesiásticos que son la riqueza patrimonial de esta casa. De destacar es también la puerta del Comendador y las puertas de acceso a las celdas de los frailes: espaciosas y llenas de luz, pues cada una de ellas cuenta con un buen balcón, y un ventano para la alcoba.


          Desde este claustro podemos acceder al coro de la Iglesia, donde una buena sillería de nogal, con doble cuerpo de sillas, ennoblece el recinto y posibilita que el canto y el rezo de las Horas Canónicas alterne los distintos momentos de nuestra jornada como religiosos, tanto de día como de noche. Y es que tengo gran aprecio al Coro, porque también lo mandé edificar yo. El día de santa Lucía, 13 de diciembre de 1669, a la hora de Vísperas puse la primera piedra. Está elevado sobre la nave de la iglesia la altura de seis peldaños; como mandan nuestras Constituciones el asiento principal es para Nuestra Santísima Madre de la Merced, y allí la entronicé en la silla presidencial, y sobre la sillería una imagen de san Pedro Nolasco, y un lienzo sobre la aparición de la Virgen en el Coro de Barcelona, y puse en su bóveda mi escudo de armas.

 

Escrito Por:  P.Manolo Anglés, mercedario
 
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